¿Por qué el Diplomado de Investigadores Descalzos?

El movimiento social en Oaxaca cuya expresión más visible se dio en el año de 2006 conllevó una masiva organización social que nadie pudo prever. Desde diversas teorías se ha intentado interpretar este movimiento de movimientos. Consideramos necesario contribuir a entender esta diversidad de reflexiones y, sobre todo, a investigar más a fondo sobre la propuesta de asamblea que ha servido como punto de encuentro a las diversas expresiones sociales y políticas que se han reunido en el seno este movimiento.

El movimiento de los pueblos de Oaxaca encontró en el método de asamblea -para muchos en el nombre de la APPO- su forma natural de organizarse para luchar y vencer, esto ha sido consecuencia natural de la experiencia asambleísta que prevalece en la mayor parte de los sectores de nuestra sociedad, como las colonias y los sindicatos obreros pero, sobre todo, en donde la experiencia es más radical y profunda: en las comunidades de los pueblos indios.

Creemos que debemos limpiar nuestras miradas para examinar con rigor lo que somos y para conocer las características más significativas de nuestros movimientos y de los caminos que creemos necesarios recorrer para crear otra sociedad. Necesitamos dar forma a los nuevos planteamientos teóricos y políticos que coinciden con los desafíos actuales. Y para esto nos proponemos:

Propósitos
· Realizar una reflexión sistemática sobre la situación económica, social y política de Oaxaca, con perspectiva nacional y mundial, con énfasis en los movimientos sociales autónomos; es decir los que luchan desde la base para transformar la sociedad sin la toma del poder del estado. O que van más allá del poder de arriba.
· Discutir, analizar conjuntamente diversas propuestas de transformación.
· Explorar la naturaleza y características de los modos comunales y conviviales de vida (campo-ciudad) en el contexto oaxaqueño.
· Animar a la construcción de consensos para acciones conjuntas. Unidad en la diversidad.
· Contribuir al debate público de los temas asociados con la transformación profunda de Oaxaca.

Medios
1. Organizar un esfuerzo de investigación sistemática, basado en el acopio de información y la documentación en la base social, principalmente en pueblos, colonias, barrios y comunidades del estado de Oaxaca, realizándolo en el marco de las interacciones con las organizaciones sociales y espacios y sectores de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, (APPO) y del movimiento social en general que se visibilizo a mediados del 2006.
2. Organizar durante dos semestres, sesiones quincenales de reflexión, de 5 horas cada una, con la participación de activistas sociales, académicos comprometidos, dirigentes sociales y autoridades tradicionales, entre otros. Dichas sesiones tendrán forma de diplomado, a realizarse a partir del domingo 10 de agosto, a las 11 am.
3. Hacer públicos los diversos planteamientos a través de todos los medios posibles, auditivos, visuales e impresos.

Resultados esperados
· Caracterización y documentación, desde la base social, de los movimientos sociales en Oaxaca.
· Identificación de sus principales tendencias y propuestas.
· Acopio y publicación de iniciativas de transformación.
· Participación en el debate público para la construcción autónoma.
· Diseminación y publicación por medio de audios, videos e impresos de las iniciativas desde la base y las problemáticas existentes para su aplicación concreta.
· Contribuir a la construcción de iniciativas autónomas desde la base social.

PROGRAMA DEL DIPLOMADO DE INVESTIGADORES DESCALZOS

Tendremos sesiones de discusión y reflexión cada 15 días durante un año con distintas autoridades indígenas, activistas sociales e intelectuales comprometidos.

Dichas sesiones se complementaran con talleres teórico-prácticos. Los cuales se agendarán conjuntamente con los participantes.

TEMAS PRINCIPALES

· Introducción al contexto Oaxaqueño- (10 de agosto)
- Ponencia, “Autonomía y comunalidad en Oaxaca” impartida por Benjamín Maldonado, antropólogo y estudioso del magonismo en México.

· Presentación de participantes en el diplomado y acuerdos de logística y organización (23 o 24 de agosto)

· El método de reflexión en la acción. Cuestiones teóricas y prácticas. - Gustavo Esteva (6-7 septiembre)

· Experiencias Oaxaqueñas
- La COCEI-1974-1987, ODRENASIJ en la Sierra Norte, ASAM en la Mixe, La sección 22 del magisterio, El municipio Autónomo de San Juan Copala, entre otros.

· El contexto oaxaqueño.

· Naturaleza y características de la APPO y los movimientos sociales.

· El contexto nacional. Naturaleza de la crisis política y las opciones de resolución.
- El zapatismo
- Experiencias de luchas por la autonomía en México: Los caracoles zapatistas, La policía comunitaria de Guerrero, La cooperativa de Euzkadi, El Congreso Nacional Indígena, El ejercito de Mujeres Mazahuas.
- La otra campaña
- El movimiento lopezobradorista
- Otros.

· El contexto mundial.
-La crisis del imperio y del modelo neoliberal.
- La desglobalización y los movimientos antisistémicos.
- La guerra mundial del capital.
- Perspectivas.

· Experiencias latinoamericanas
- Experiencias de autonomía y poder popular en América Latina: MST de Brasil, Piqueteros de Argentina, CONAIE en Ecuador, Bolivia y las luchas desde las bases, La experiencia de autonomía de la costa atlántica de Nicaragua.

· Las luchas democráticas actuales: formal, participativa, radical.

· Las opciones políticas:
- Reformas del régimen político actual
- Ajustes en las políticas actuales
- Nuevo modelo de política económica y social
- Reformas legales e institucionales
- Nuevo régimen político
- Variantes social-demócratas del capitalismo
- Variantes socialistas
- Variantes más allá del capitalismo y el socialismo

· La perspectiva indígena y el pluralismo radical.

· Naturaleza y características de la fuerza constituyente y su asamblea.

· El significado actual de la autonomía y la construcción horizontal de la sociedad.

· La crítica de las ideologías e instituciones como práctica radical de transformación.


SESIONES FECHAS POR DEFINIR

· Experiencias históricas en México
- Revoluciones interrumpidas en México: La independencia y la revolución mexicana.
- El movimiento del 68

· Otras Experiencias históricas
- Experiencias históricas de revoluciones sociales en Europa: La guerra civil española y la comuna de parís.
- Guerrillas latinoamericanas


TALLERES

*.- Periodismo comunitario.

*.- Edición de video.

*.- Sistematización de bancos de información

*.- Geopolítica

*.- Formación de consensos

*.- Diseño Grafico por computadora, ( Revistas, periodicos, fanzine, etc)

*.- Producción radiofónica

*.- Serigrafía

*.- Encuadernación

TALLER PERMANENTE. Durante todo el año estaremos explorando la investigación descalza con las herramientas metodológicas teórico-practicas de la reflexión en la acción.

Nota importante: En estos momentos nos encontramos confirmando a los ponentes y ajustando las fechas a sus posibilidades de estar presentes. Algunas participaciones serán a través de videoconferencias o de documentales. La mayoría de ponentes participarán físicamente o iremos a sus comunidades. Entre los invitados y posibles asistentes tenemos contemplados distintos investigadores, activistas, intelectuales y/o autoridades comunitarias de Oaxaca, México, América Latina y Europa.

Mostrando entradas con la etiqueta Raquel Gutiérrez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raquel Gutiérrez. Mostrar todas las entradas

18/9/08

América Latina: notas para entender qué significa, hoy, “izquierda” - RAQUEL GUTIÉRREZ AGUILAR

Raquel Gutiérrez Aguilar

16 de mayo del 2004

Hay ocasiones cuando las ideas y los conceptos básicos que nos permiten volver inteligible la realidad parecen no tener la agudeza necesaria como para brindarnos una comprensión cabal de lo que sucede. Hay momentos históricos en los que no es fácil distinguir entre los distintos proyectos sociales y políticos defendidos por uno u otro grupo partidario y/o social. Según percibo, la noción de "izquierda" está actualmente entrampada en cierta opacidad. ¿Es de izquierda un movimiento social que derroca a uno o varios presidentes, como en Bolivia en el 2003, en Argentina a fines del 2001, en Ecuador en el año 2000, y no se propone tomar el poder? ¿Es de izquierda una propuesta política partidaria que nos propone contemporizar los intereses de ciertas fracciones del capital nacional, negociar los niveles de saqueo transnacional y atender en alguna medida necesidades básicas de la población?
En las siguientes líneas presentaré algunas notas esquemáticas para bosquejar un mapa que, espero, nos permita orientarnos en el panorama político y social de América Latina hoy. Siendo un tema tan amplio, tendré que manejarlo en un nivel bastante alto de abstracción lo cual, espero que no sea una debilidad demasiado grande.
Lo que el neoliberalismo ha hecho de y con los pueblos, de y con la riqueza social, de y con los derechos colectivos
Un primer elemento consiste en visualizar con claridad algunos rasgos de ese fenómeno al que llamamos "neoliberalismo" o "globalización neoliberal", y que a veces, esconde más que aclara. La intención de precisar lo que entendemos por neoliberalismo, está en que sólo así sabremos qué esperar de la lucha por "derrotar al neoliberalismo", que es a fin de cuentas aquello en lo que cualquier izquierda que se respete debiera concentrarse.
Más allá de la apertura de los mercados de bienes y capitales, de los múltiples mecanismos de supuesto "adelgazamiento del Estado" y "reformas estructurales", de reformas fiscales y monetarias y de la construcción paulatina de un entramado legal - nacional e internacional- que busca la preservación del orden imperante; hay cuando menos tres elementos abstractos que permiten entender la lógica interna de la contemporánea ofensiva general del capital contra el trabajo que toma el nombre de neoliberalismo:
i) Por un lado, el neoliberalismo ha sido una ofensiva política y económica en toda la línea contra la población trabajadora de todos los países de América Latina. Con el neoliberalismo se ha establecido una nueva forma de "uso de la fuerza de trabajo" basada en su más radical depreciación, en su ampliación bajo modalidades anómalas e informales, en formas intensas de sobre-explotación que combinan maneras que parecían ya superadas de elevación de la plusvalía absoluta, con nuevos mecanismos de elevación de la plusvalía relativa. Es decir, el neoliberalismo se despliega en una sistemática y permanente pelea por imponer condiciones inadmisibles para el uso de la fuerza de trabajo y es, en este sentido, una continua acción de sometimiento de la capacidad de trabajo.
ii) El neoliberalismo ha consistido, también, en una gigantesca acción de despojo, de acaparamiento y monopolización de la riqueza social acumulada por generaciones. La ola de privatizaciones de empresas estratégicas de petróleo, energía eléctrica y agua anteriormente públicas, de la seguridad social y los fondos de pensiones, de la tierra y los servicios en todos los países de América Latina, con sus variantes locales de "capitalización", "apertura de mercados" o directamente entrega al capital transnacional, es la forma como se ha llevado a cabo el saqueo.
iii) Además, el neoliberalismo ha ido de la mano con el desmantelamiento de las estructuras sociales que garantizaban la posibilidad de ejercicio de determinados derechos colectivos anteriormente reglamentados y que habilitaban ciertas formas de participación política, a través de los cuales no sólo se garantizaban algún nivel de participación social en el conjunto de la riqueza social sino que también, jugaban un papel en la posibilidad de los distintos segmentos sociales de influir en las políticas nacionales. A través de una sistemática destrucción del tejido social, el neoliberalismo ha buscado convertir a la sociedad en un conjunto controlable de ciudadanos aislados, manipulables e impotentes, concordantes con los planteamientos básicos de la democracia liberal formal. Tal destrucción e impotenciación ha ido paralela a innumerables esfuerzos de contención legal de la protesta, de limitación de los derechos de participación política -por la vía de la partidización de la sociedad- y de criminalización de la lucha social que pueden rastrearse en las distintas leyes de "seguridad" y reformas políticas promulgadas en casi todos nuestros países en los últimos 10 años.
Así, estas son las cuestiones que considero centrales para entender el significado de la ofensiva neoliberal: sorda guerra por imponer cierta forma de uso de la fuerza de trabajo, acaparamiento y despojo de la riqueza social acumulada y vaciamiento y anulación de la capacidad política de la sociedad.
Lo que la sociedad trabajadora está haciendo a partir de lo que han hecho con y de ella
Tras el desconcierto y parálisis producidos a raíz de esta violenta ofensiva neoliberal iniciada en los 80´s en todo el continente, alrededor del año 2000 podemos situar una especie de punto de inflexión histórico, marcado por la reconstitución de cierta capacidad de respuesta social para movilizarse y oponerse al régimen de inseguridad y empobrecimiento creciente que acarrearon las políticas de "reforma estructural". Si el alzamiento zapatista de 1994 en México, que coincidió con la entrada en vigor del TLCAN anunció tempranamente con su estruendoso ¡Ya basta!, que la resistencia a los planes del capital seguía presente; es más o menos en el 2000 cuando comienzan a brotar con mayor fuerza múltiples acciones de lucha a lo largo de América Latina. El 10 de enero de 2000 se iniciaron los bloqueos de caminos en torno a Cochabamba, Bolivia, donde una subsidiaria de la trasnacional Bechtel acababa de apoderarse del agua, tradicionalmente escasa en la región. Once días después, el 21 de enero, 12,000 indígenas ecuatorianos rodeaban el Palacio de Justicia y el edificio del Congreso en Quito, exigiendo la salida de la presidencia de Jamil Mahuad, el nefasto presidente "dolarizador", sucesor de otro presidente, Bucaram, también destituido unos años antes.
Esto fue el preludio de la Guerra del Agua en Bolivia, de la reactivación de la insurgencia indígena aymara, de la expansión de la capacidad de acción de la CONAIE y del Movimiento Nacional Pachakutik y del posterior levantamiento de Arequipa que defendió la empresa municipal de electricidad de la voracidad del capital. Igualmente en el 2000, los piqueteros se consolidaron en Salta y Jujuy y comenzaron a aparecer en el Gran Buenos Aires. En Brasil, el MST ocupaba nuevas haciendas y a través de él, como en muchas otras ocasiones, se movilizaban miles de personas.
En los años siguientes, hemos presenciado la expansión de esta tendencia. En Argentina, antes del estallido de diciembre de 2001, cuando un gigantesco motín civil destituyó a varios presidentes y estableció claramente que la sociedad argentina estaba dispuesta a poner límites al atraco transnacional de su población, hubo más de 300 acciones colectivas de corte de ruta, implementadas por esos anómalos y tumultuosos conglomerados humanos que son los piqueteros, esa especie de sans- coulottes, de personajes híbridos, ex obreros ahora pequeños comerciantes, en medio de redes familiares que se dedican a la producción en pequeña escala de alguna mercancía sin futuro en el mundo global; o jóvenes y mujeres lanzados al empobrecimiento más abyecto pero que aún así se las ingenian para sacar, cada día, un poco de alimento con el cuál sobrevivir: los nuevos pobres urbanos comenzaban, también, al igual que los indios mexicanos, bolivianos y ecuatorianos, a rebelarse.
Y esto sucedía cuando otra oleada de malestar indígena sacudía Bolivia:
nuevamente los bloqueos aymaras en el 2002, nuevamente la insurgencia cocalera. Y el MST, silencioso y tenaz, organizando y realizando sus ya incontables tomas de tierra, pero más importante aún construyendo de a poco sitios donde se pretende vivir, convivir y sobrevivir de manera diferente, digna y autónoma. Y en México la movilización y tenacidad de los ejidatarios y pobladores de Atenco echó a la basura el más grande proyecto económico del sexenio foxista: la construcción del nuevo super- aeropuerto de la ciudad de México.
El 2003 hemos visto una inusitada aunque todavía no muy definida movilización en Perú contra las políticas de Toledo y acudimos a la gigantesca acción de lucha por la defensa del gas que el pueblo aymara y boliviano protagonizaron en septiembre y octubre hasta hacer caer al emblemático presidente neoliberal, Sánchez de Lozada.
Así, resulta que si observamos todo este panorama, el balance no es malo: en tres países de América Latina han caído presidentes que han pretendido aplicar proyectos socialmente inadmisibles a partir de la decisión social de no soportar más sus decisiones; en otros más sin llegar a crisis políticas tan extremas, se han fondeado planes económicos de enorme importancia, en algunos más se han llevado a cabo amplias acciones de recuperación de tierras y territorios. En fin, a partir del 2000 presenciamos una nueva oleada de participación social, de movilización política a través de movimientos sociales de muy diversas clases y con creciente capacidad de intervención en el asunto público.
Sin entrar a describir los rasgos que caracterizan a estos llamados "nuevos movimientos sociales", como su carácter territorial y su horizontalidad, su flexibilidad y su distancia a los cánones clásicos e institucionales de la política, pongo a consideración dos aspectos de su forma de acción política que me parecen relevantes para el objetivo de este trabajo:
En primer lugar, los movimientos sociales en toda América Latina parecen ir consolidando una gran capacidad de veto, es decir, si algo tienen en común las acciones de movilización social desarrolladas desde Argentina hasta México, pasando por Bolivia, Perú y Ecuador es que hombres y mujeres de las asociaciones más diversas y de múltiples sectores sociales, logran enlazarse en un determinado momento para expresar contundentes ¡NO´s! contra partes significativas de los proyectos políticos y económicos de las elites gobernantes: ¡no a la privatización del agua!, ¡no a la política de enajenación del ahorro privado propuesta por De la Rua!, ¡No a la privatización de la Empresa municipal de electricidad en Arequipa!, ¡No a la construcción del aeropuerto en las tierras colectivas de Atenco, México!, ¡No a la venta del gas en las condiciones impuestas por las transnacionales!
Así, un elemento común de todas estas luchas es su capacidad de vetar, de impedir el desarrollo de específicos proyectos de las transnacionales auspiciados por los distintos gobiernos locales. En cierto sentido, cada una de estas irrupciones de lucha social es una reactualización del ¡Ya basta! Zapatista de 1994. Todas ellas son acciones de movilización tumultuosa, multitudinaria y contundente que expresa que la población no está dispuesta a aceptar más la continuación de los planes neoliberales de saqueo y que tiene capacidad de defender lo que sabe que colectivamente le pertenece.
En segundo lugar, un segundo rasgo que aparentemente comparten todos estos movimientos, es la ausencia de un proyecto estructurado de un futuro distinto más allá de la enérgica oposición a aspectos puntuales de los planes del capital. En los casos de Argentina en 2001-2002 y de Bolivia en 2003 esto es notable. La sociedad movilizada se dota de una finalidad específica, la consigue aunque sea a medias a través de su tenaz y esforzada movilización y una vez asentada su capacidad y presencia -tras "hacerse sentir" como expresaba la gente de El Alto en octubre- la energía social parece nuevamente disiparse y la cohesión de la multitud, a primera vista, se debilita.
Cabe aquí hacernos la pregunta de si este rasgo de las movilizaciones, percibido como ausencia de un proyecto político más nítidamente visible, no es una mera apariencia que brota de la falta de agudeza de nuestros propios esquemas de intelección del acontecimiento real. Pienso que si entendemos la política sólo como el conjunto articulado de múltiples acciones desplegadas con el fin de hacerse cargo de la administración y el control del Estado, por cualquier vía, electoral o no; entonces inmediatamente salta la consideración de tal elemento como ausente de las ambiciones y perspectivas políticas puestas en marcha a través de las movilizaciones en ciertos países como Bolivia, Argentina y el zapatismo en México.
Sin embargo, si entendemos por política de izquierda ante todo, la masiva intervención colectiva en la definición de lo que ha de hacerse a nivel público; si consideramos política la confrontación social que busca establecer nociones distintas de lo que debe entenderse por bien común, entonces las luchas de estos movimientos tienen un contenido altamente político y, más bien, es posible que a través de algunos de sus rasgos constitutivos lo que estén planteando sea un cambio de civilización: el "mandar obedeciendo" que se replica explícitamente en Argentina y que de alguna manera se encuentra en la movilización boliviana reciente, habla de una ruptura con un fundamental principio liberal de la política que es la delegación de la soberanía colectiva en un representante. Además, los esfuerzos para llevar a cabo la resistencia o bien han tensado, politizado y conseguido la autonomía de ciertas estructuras sociales anteriormente manipuladas clientelarmente por las elites, o bien han empujado a la construcción y consolidación de nuevos organismos sociales para habilitar la intervención política de los ciudadanos que funcionan de manera no vertical, con casi ninguna jerarquía y donde se establecen formas de asociación y participación flexibles y muy comprometidas. Todo esto insinúa una especie de reconfiguración autónoma de la sociedad que fortalece y garantiza su capacidad de intervención en el asunto público.
Así, sumando la capacidad de veto ya alcanzada y el reforzamiento de estas redes sociales de participación y acción política, encontramos que quizá lo que vamos presenciando es el despliegue de una estrategia política del movimiento social que podemos denominar como de "cerco y construcción": se ponen cercos al poder, físicos como en Bolivia o políticos como en Argentina, de tal manera que la posibilidad social de vetar partes específicas de los planes neoliberales se acrecienta y, al hacerlo, se construye capacidad social de intervenir en el asunto público, de dotarse de fines, de hacer política.
Ahora bien, una y otra vez he insistido en que los nuevos movimientos sociales vetan, impiden y obstaculizan a través de su movilización, puntos específicos de los planes neoliberales en marcha. Sin embargo, una debilidad suya está en la dificultad para lograr dotarse de nuevos fines políticos comunes y autónomos, una vez conquistado el objetivo inicial de la movilización. En cierta medida, esto sucedió en Argentina tras los levantamientos del 20 y 21 de diciembre: unos meses después se llevaron a cabo elecciones donde compitieron las elites partidarias y si bien Kirchner se ha visto empujado por los altísimos niveles de indignación y desconfianza social, a renegociar las condiciones de la sumisión y expoliación argentina frente al capital transnacional, todo esto marcha lenta y confusamente y no toca los aspectos fundamentales del dominio neoliberal de la sociedad argentina. En Bolivia sucede otro tanto: a casi siete meses de la huida de Sánchez de Lozada, el movimiento social no consigue obligar a Mesa a cumplir con el mandato que le dio cuando tomó posesión, si bien los planes de exportación del gas tampoco logran avanzar.
En este escenario se contraponen dos presencias políticas claramente diferenciadas. Por un lado, el ámbito de lo formal, con los institutos electorales reformados y creíbles en casi todos los países, que impulsan la contienda electoral como forma fundamental de participación política, y ahí dentro, ciertas versiones partidarias de izquierda ciertamente descoloridas. Y, por otro, los amplísimos espacios abiertos por las luchas sociales, que son vigorosas por momentos, aunque también discontinuas en el tiempo y, sobre todo, sostenidas por asociaciones flexibles y cambiantes que vetan proyectos, cercan al poder y tendencialmente construyen formas de socialidad y de intervención política distintas.
Ninguno de estos dos ámbitos parece tener propuestas políticas explícitas de por donde avanzar. Por el lado de lo que podemos llamar "izquierda partidaria", ni en México ni en Brasil donde tenemos expresiones nítidas de esta tendencia, en un gobierno local y en el gobierno federal respectivamente, los partidos en cuestión presentan proyectos donde se propongan caminos de superación del neoliberalismo, entendido en sus múltiples significados de ofensiva global del capital. Tanto el PRD mexicano como el PT en Brasil, van ajustándose a lo que consideran "posible", intentando negociar límites y ambicionando quizá lo que se podría entender como un "capitalismo regulado". Estos partidos, y aquí presento una afirmación fuerte que someto a discusión, no tienen si quiera un programa reformista: se limitan a negociar modalidades menos duras de vehiculización de la política y los proyectos del capital transnacional.
Ahora bien, por el lado de lo que se viene llamando "izquierda social", y específicamente, en el terreno de la política de los movimientos sociales que han estado poniendo en jaque a distintos gobiernos latinoamericanos en los últimos años, tras las explosiones recurrentes de furia contenida, tras la acción de veto e impedimento de ciertos planes, la formulación de propuestas estratégicas de superación del neoliberalismo parece avanzar con gran dificultad, aunque no la acción práctica de construir desde la base relaciones sociales y políticas distintas, potencialmente preñadas de vigorosas posibilidades de transformación.
Si tal ausencia de una propuesta política más general, tendencialmente superadora del dominio neoliberal es cierta, tanto en los movimientos sociales como en la llamada "izquierda partidaria", lo que busco en la tercera parte de este trabajo es sugerir un criterio para, colectivamente, irle dando cuerpo a un posible horizonte de deseo común que pueda dar contenido a una política de izquierda.
La reapropiación social de la riqueza colectiva y de la vida como eje principal de un programa de izquierda
6. El elemento común que se expresa en casi todas las movilizaciones sociales en el continente, es que surgen de una pelea, de una conflagración por la propiedad y destino de ciertos recursos básicos, ya enajenados o en disputa: el agua en Cochabamba, la electricidad en Arequipa, los ahorros de los ciudadanos y otros recursos públicos en Argentina, el gas en Bolivia entera, la tierra y el destino de ésta en Atenco, México. Algunas de estas luchas son por evitar un despojo -Cochabamba, Argentina, Atenco, Arequipa-; otras son por impedir nuevas acciones de despojo que se sostienen en un saqueo anterior -Bolivia, 2003-.
Así, la propiedad de los recursos naturales o económicos está en el fondo de las más importantes movilizaciones recientes; y si bien, no es todavía la propiedad de los bienes saqueados lo que se ha puesto en entredicho a través de la lucha, o al menos no explícitamente y más bien los diversos movimientos han tenido como contenido la defensa de lo que todavía es, cuando menos, propiedad pública o colectiva; pareciera estar apareciendo una tendencia, al menos en Bolivia, hacia la disputa de la propiedad de los recursos naturales -que fue enajenada anteriormente.
En Bolivia actualmente, a partir de la crítica de la Ley de Hidrocarburos, es decir, de la ley que permitió el ingreso de las transnacionales al sector energético y que afianzó la entrega de tales recursos al capital extranjero, se comienza a bosquejar y a discutir la necesidad de la reapropiación social del petróleo y el gas; igual que se luchó por la reapropiación del agua en el 2000.
La idea de re-apropiación social de los recursos saqueados, como horizonte movilizador tiene enorme fuerza pues alude a los criterios básicos de lo que es moralmente admisible: no es moralmente admisible que en la explotación de un recurso natural como el gas, al pueblo boliviano sólo le corresponda el 18% del rendimiento, mientras que las transnacionales acaparan el 82% restante en forma de ganancia. Esto en el caso concreto de Bolivia, pero la idea de re-apropiación de la riqueza social puede sintetizar también la lucha de los obreros argentinos que ocupan fábricas, de los trabajadores mexicanos de la energía que impugnan la modalidad específicamente local de privatización de este sector industrial, etc.
Además, por expresarlo de alguna manera, la lucha por la re-apropiación colectiva de la riqueza social es una "consigna flexible", es decir, no necesariamente se compromete con un programa de re-nacionalización aunque puede incluirlo; puede amparar un terreno previo de disputa de las condiciones del saqueo -impuestos a las transnacionales, modalidades de participación de capital extranjero, etc.- y puede también llegar a adquirir un contenido de mayor radicalidad como la "transformación social de la empresa recuperada" como se planteó para el Servicio Municipal de Agua (SEMAPA) en Cochabamba tras la guerra del Agua. De lo que se trata a partir de reflejar las múltiples luchas locales en el espejo de la pelea general por la re-apropiación social de la riqueza y de la vida, es de diagramarnos colectivamente una idea fuerza que nos permita reconocernos y distinguirnos entre luchadores de izquierda.
Un partido que no explica a sus militantes y a la población en general, los pasos que ha de dar para re-apropiar para usufructo público la riqueza social, que no se propone claramente la re-apropiación de derechos colectivos desmantelados o amenazados, es decir, que no se compromete con la reapropiación de la decisión sobre las condiciones de uso de la fuerza de trabajo, sencillamente no es de izquierda. Y aquí vale la pena una observación crítica sobre la política en México: las movilizaciones obreras más grandes del último periodo, aquellas en defensa del sector eléctrico nacionalizado, expresan su límite en la medida en la que no se proponen explícitamente la recuperación, la reapropiación de lo que ya ha sido expropiado por las transnacionales en términos de contratos de servicios múltiples ya firmados y de plantas de generación de energía ya entregadas. Y este límite lo encarnan, lastimosamente, tanto los parlamentarios del PRD como los compañeros del SME.
La lucha por re-apropiarse de la riqueza social, en sus múltiples formas, hoy acaparada por el capital transnacional, es sin duda una pelea llena de obstáculos y de dificultades. El neoliberalismo, en este sentido, es un sistema cerrado de afianzamiento de la propiedad privada: los convenios internacionales, los tratados comerciales, las leyes de protección a la inversión son auténticos candados del capital extranjero para protegerse de la eventualidad de que los pueblos se propongan recuperar lo que ha sido rematado.
En Bolivia hay ya una experiencia, aunque pequeña: el agua de Cochabamba, recuperada para el municipio en la Guerra del Agua del 2000, había sido ya entregada a la transnacional Bechtel unos meses antes. Hoy, Bolivia como estado enfrenta una multimillonaria demanda en tribunales internacionales por "ganancias no devengadas", que presentaron los ejecutivos de dicho consorcio. Además, en los años 2001 y 2002 se hicieron amplios esfuerzos por empujar la transformación social de la empresa "recuperada", que dejaron más preguntas pendientes que éxitos concretos acerca de cómo emprender este camino.
Pese a todo, y sobre todo viendo ahora la aguda crisis energética que está surgiendo en los países más australes de América, considero que la consigna de re-apropiación de los recursos públicos enajenados por el neoliberalismo está en el centro de la posibilidad de que articulemos, desde el movimiento social, y también desde la izquierda partidaria, un nuevo proyecto de izquierda, hoy.
Si la izquierda partidaria continúa simplemente ambicionando la ocupación del aparato del Estado por sí misma, sin tomar posición contundente sobre lo que es necesario hacer para viabilizar algún tipo de posibilidad de ampliar el bienestar social hoy sometido completamente a la lógica de la ganancia, sus propuestas seguirán sonando huecas al conjunto de la población y sus organizaciones se verán atrapadas en la más sucia corrupción.
Si los movimientos sociales esforzados y contundentes en sus batallas de resistencia cada vez más frecuentes y duras no comienzan a pasar a la ofensiva, afianzando el tejido social que han reconstruido en las acciones de resistencia, corren el riesgo de verse subordinados por los tiempos políticos del Estado y de la democracia formal y por la dispersión que siempre amenaza las acciones colectivas.
La estrategia de cerco y construcción que, considero, nos permite entender el conjunto de acciones que, como una gigantesca coreografía de la lucha, van desplegando los pueblos de América Latina, necesita un nuevo acorde que imprima un nuevo ritmo: la reapropiación de la riqueza enajenada, la recuperación social de los recursos públicos, de los derechos colectivos y políticos, bajo diversas modalidades, de muy diferentes maneras, puede actualmente servirnos de criterio para entender el contenido de la lucha de izquierda y avanzar en el cerco, que necesariamente tendremos que poner entre toda la población sencilla y trabajadora de nuestros países.
Necesitamos, considero, salir de la paradoja de la "cercanía al poder" expresada con claridad por el presidente de la CONAIE, Leonidas Iza, cuando explicaba la ruptura de la alianza política que esta organización hizo con el presidente Gutiérrez: "nunca hemos sido más débiles que cuando estuvimos en el gobierno". Y en este asunto de la cercanía con el poder, si los movimientos sociales no tienen una serie de ideas estratégicas básicas de por donde avanzar, su acercamiento al poder, sus alianzas con otros partidos o incluso la formación de "instrumentos políticos" desprendidos de y controlados por los propios movimientos como se ha ensayado en Ecuador y en Bolivia, no darán los frutos esperados.
Necesitamos pues, colectivamente discutir ¿qué significa "terminar con el neoliberalismo"? Y responder a esta pregunta de la manera más concreta posible.
Hacernos tal interrogante es equivalente a preguntarnos, ¿qué queremos como sociedad? Ese mundo que sabemos que es posible porque estamos dispuestas/os a construirlo... ¿cómo creemos que tendrá que ser? Y como comenzamos a hacerlo hoy, en lo pequeño, en lo local, en la convivencia diaria; pero también en la lucha general por recuperar lo que ha sido producido por nosotros, por nuestro trabajo y que hoy, controlan y disfrutan sólo unos cuantos.
Ciudad de México-La Habana, abril-mayo de 2004 Ponencia presentada en el Foro sobre izquierda en América Latina, sábado 8 de mayo, Ciudad de México.

Reflexión sobre las perspectivas de la emancipación social a partir de los levantamientos y movilizaciones en México y Bolivia - RAQUEL GUTIÉRREZ


A partir de registrar los rasgos emancipativos, los límites y las dificultades de las movilizaciones y levantamientos indígenas y populares en Bolivia y en México en la última década, esta ponencia indaga en las potencias y dificultades que enfrentan las actuales modalidades colectivas de irrupción y participación antagónica y/o autogestiva en los asuntos políticos y, en general, en la vida pública de los distintos países de nuestro continente.
El objetivo es presentar de manera ordenada una serie de categorías y distinciones básicas, a fin de volver inteligible el conflicto social contemporáneo, que permita abordar la cuestión de la emancipación social. Esta temática, desde la perspectiva de los múltiples movimientos sociales de insubordinación contra el orden del capital en nuestro continente, confronta actualmente dos dificultades principales: 1. el problema de la relación entre la construcción de autonomía local y la autogestión de ciertos ámbitos de la vida social, y la confrontación a la explotación y dominación del capital a nivel general –en cada país particular y en el mundo globalizado. Es decir, la cuestión pasa por dar salida al problema de la articulación de las luchas desde la autonomía. 2. El problema del poder, esto es, la cuestión de las maneras más pertinentes de construir nuevas formas de autorregulación de la vida social que no cristalicen en nuevos estados de dominación.
Para llevar adelante el objetivo señalado, presento a continuación,
Siete tesis sobre la resistencia y la emancipación en América Latina y una hipótesis para pensar el cambio2
1.
Lo que en América Latina se vienen llamando “movimientos sociales” son, ante todo, acciones colectivas intempestivas e intermitentes de insubordinación social3 contra el capital y las específicas modalidades neoliberales de dominación cimentadas en,
* la modificación en el uso de la fuerza de trabajo que abre caminos a nuevas y más agudas formas de explotación
* el saqueo y despojo de los bienes comunes (agua, gas, biodiversidad, etc.), así como en el desmantelamiento general de lo que fue riqueza y espacio público.
* la privatización institucionalizada de la política que reglamenta y sanciona unos modos de participación en la vida pública, criminalizando cualquier otra forma de intervención en el asunto común.
2.
Un tipo específico de movimientos de insubordinación social surge cuando un conglomerado heterogéneo de individuos, colectivos y grupos se dota de un objetivo negativo que impugna aspectos puntuales de alguno de los tres cimientos de la ofensiva neoliberal señalados arriba y produce una vasta lucha de resistencia que, por lo general, desborda el entramado institucional y normativo dominante y aceptado como legítimo en cada uno de los países donde ocurren (el caso de las luchas por el agua en Bolivia, es paradigmático de este tipo de movimientos). Otro tipo de movimientos de insubordinación tiene rasgos más estables, el grado de cohesión interna entre sus miembros es más densa y se propone objetivos no meramente definidos por la negatividad y el antagonismo, sino que establece “ideas fuerza” positivas para reconfigurar ámbitos más amplios del espacio social (la rebelión de las comunidades indígenas de Chiapas, México, articuladas en el EZLN, es un ejemplo paradigmático de este tipo de movimientos)
Esta tipología tentativa de los movimientos contemporáneos de insubordinación, puede construirse a partir de precisar algunos rasgos que los diferencian y distinguen; como por ejemplo su “volatilidad”, esto es, su grado de cohesión y condensación interna; el privilegio o no de acciones de confrontación con el orden del capital o de construcción autónoma de relaciones sociales distintas en determinado territorio, sus modos de confluencia y enlazamiento con otros movimientos, esto es, si privilegian una sintonía temporal de sus acciones colectivas o si más bien, se concentran en establecer-inventar ciertas formas de ocupación territorial definida, etc. La finalidad de construir una tipología no es meramente una ociosidad académica sino que puede contribuir a la comprensión de las distintas mecánicas –no lineales, en ningún caso- de la resistencia y la insubordinación.
* El primer tipo de movimientos de insubordinación entonces, son las acciones colectivas más altamente volátiles: condensaciones densas de hombres y mujeres que despliegan en el espacio público –la calle, los medios de comunicación, las instalaciones e instituciones públicas- su acción colectiva contundente, simultánea en el tiempo aunque coordinada laxamente, exhibiendo una específica y estridente “capacidad social de veto4” contra determinados aspectos puntuales, locales, nacionales o globales de los planes del capital.
Este tipo de movimientos consiste, ante todo, en el despliegue colectivo de una enorme carga de energía social desestructurante de las decisiones e instituciones del orden neoliberal: Cochabamba contra la privatización del agua en el 2000 y El Alto en 2003-2005, Argentina en el 2001 contra las medidas financieras de despojo masivo de la población, entre otras; el motín civil de Arequipa contra la privatización de la energía eléctrica en 2001; y también la oposición de los pobladores y vecinos de Atenco en los bordes de la ciudad de México a la privatización de sus tierras para construir un aeropuerto, la lucha de los estudiantes en el CGH de la UNAM contra el desmantelamiento de la educación pública en México, la resistencia contra el despojo de tierras en Tepoztlán, Morelos, México, realizada por comuneros y vecinos, etc., son ejemplos de movimientos de insubordinación de este tipo.
Todos ellos son movimientos de insubordinación intempestivos y, sólo a veces, acumulativos; casi siempre intermitentes y parciales, que contribuyen sobre todo a modificar la correlación de fuerzas existente en cada país donde ocurren, llegando en ocasiones a poner en jaque el andamiaje normativo e institucional del capital, su orden pues.
En cierta medida, es en este tipo de movimientos donde aflora de manera desgarrada la contradicción de la época: aquella entre los pueblos pobres, explotados, despreciados y despojados de sus recursos, situados en las diversas naciones y el poder de las corporaciones transnacionales organizadas en torno a y protegidas por el Estado norteamericano, cuyos intereses y visiones del mundo son vehiculizados por los distintos gobiernos de nuestros países.
Estos movimientos esbozan una nueva gramática, ie, unas nuevas reglas para los lenguajes de la lucha social, que no son fácilmente comprendidos por su carácter básicamente desestructurante del orden dominante, antes que productor de nuevas socialidades positivas5. En este sentido, son movimientos de insubordinación que modifican abrupta y sustancialmente la correlación de fuerzas en un lugar o país, aunque lo hacen por lo general durante lapsos cortos de tiempo. Por otro lado, por la manera en la que tales movimientos privilegian el enlace horizontal de multiplicidades sociales abriendo paso a la cooperación para la lucha y en tanto complejizan la vida política de cada país particular al habilitar espacios para la participación política de estructuras sociales anteriormente ceñidas al ámbito de la vida privada –las familias, las juntas de vecinos, los grupos parroquiales y una gran diversidad de colectivos y comunidades-, son movimientos también preñados de posibilidades emancipativas germinales que, a largo plazo, pueden modificar de manera decisiva la correlación de fuerzas.
* El segundo tipo de movimiento de insubordinación es menos volátil, esto es, más denso, cohesionado y estable; privilegia la lucha de resistencia y construcción de autonomía local, socava de manera persistente y lenta las relaciones de dominación y sólo en ocasiones irrumpe de manera contundente en el espacio público presentándose como sujeto crítico que impugna los principales soportes del orden del capital: la estructura de la propiedad, las formas liberales –privatizadas- de la política, la estratificación racial de la sociedad que sostiene el “colonialismo interno”. Ejemplos de este tipo de movimientos son el MST brasileño, el EZLN mexicano y, en cierta medida, el movimiento aymara rural en Bolivia, el tejido sindical-comunal de los productores de coca en el Chapare y el entramado comunal en resistencia, principalmente quechua, en Ecuador. Todos estos son movimientos de más larga data, con una tradición de resistencia y lucha sedimentada a partir de sus propias acciones previas de confrontación y auto-configuración, con un grado de heterogeneidad menor dentro de sí y situados, claramente, dentro de un canon nacional de acción política, sin que esto signifique negar su posibilidad y habilidad –sobre todo en el caso del EZ- para abrirse a otras problemáticas y para relacionarse con una multiplicidad de luchas de resistencia en otros países, con un contenido mucho menos “nacional”.
La virtud de estos movimientos, que en cierta medida constituyen estabilizaciones de fluctuaciones y rupturas sociales previas, es que construyen ámbitos de resistencia colectiva susceptibles de desdoblarse, también intermitentemente, en acciones más contundentes que tienden a modificar la correlación de fuerzas no de forma convulsa y espasmódica sino a más largo plazo. En tanto ocupan territorios demarcados con nitidez, en ellos despliegan más bien, cierta energía estructurante de nuevas relaciones sociales que, de manera compleja, transforman, superan y anulan tendencialmente ciertas relaciones de dominación y explotación, aunque algunas otras perviven refuncionalizándose.
3.
En los movimientos de insubordinación del primer tipo, los más volátiles e incendiarios, no es el logro de una finalidad preestablecida la que permite evaluarlos objetivamente6. Más bien, si la cuestión principal es vislumbrar los rasgos emancipativos en el despliegue mismo de la acción social de insubordinación, lo importante es comprender ¿cómo escapan los múltiples mosaicos móviles de la confrontación social a los diagramas de poder que los han constituido -o buscado constituir- como fragmentos controlables? ¿Cómo cooperan entre sí para superar su situación común? ¿Cómo inventan los colectivos y grupos humanos insubordinados, líneas de fuga y flujos de fuerzas que desestabilizan y ponen en duda el andamiaje estatal vigente, en sus aspectos normativos e institucionales? ¿Cómo se apropian y reconstituyen los espacios públicos? Esta perspectiva nos permite leer nuevas enseñanzas de un sinnúmero de experiencias particulares de confrontación contra el capital a todo lo largo de América Latina para ir atisbando en la gramática de la emancipación. Es decir, nos permite aprender de la lucha social y no asumir una estéril posición de "evaluación dogmática" de las también evidentes impotencias reales de las que adolecen este tipo de movimientos.
4.
En algunos países –en particular en Bolivia, a partir de la expansión y generalización de la confrontación por un recurso natural decisivo: el gas natural- se produce un desdoblamiento de los contenidos o significados de los objetivos iniciales de la insubordinación social. El caso del gas boliviano es paradigmático: de “NO a la venta del gas” como consigna movilizadora desde antes de 2003, se ha pasado a la idea de “re-apropiación social de los recursos naturales” y al planteamiento de “nacionalización del gas” y de “Asamblea Constituyente –originaria y soberana-”. Además, la experiencia boliviana reciente nos coloca en la problemática del tránsito de la existencia de capacidad de movilización e intervención colectiva en el asunto común, suficiente como para vetar los planes de los gobernantes, uno tras otro, a la cuestión de cómo esa “multitud en acto” se erige como soberana más allá de la confrontación. Esto es, nos confronta con la cuestión del poder.
En general, el desdoblamiento de los objetivos del movimiento en la Bolivia de hoy, gira en torno a los modos distintos de satisfacer necesidades, abriendo espacios a nuevas confrontaciones y dando lugar a paradojas. El caso del gas y del agua en Bolivia es el más claro sobre esta cuestión. La paradoja, aquí, es quién es el sujeto de la acción soberana de la recuperación de lo saqueado, esto es, a quien corresponde la obligación de nacionalizar, de re-apropiarse de la riqueza común: ¿es a los propios pobladores, vecinos, comuneros, trabajadores, ciudadanos politizados de manera no-liberal, a quienes les corresponde atribuirse la prerrogativa de ejercer la propiedad de la riqueza común, incluyendo la potestad de decidir sobre todo el espectro de la actividad productiva, de su gestión, destino y usufructo... o es el Estado, es decir, la representación ilusoria de la totalidad social quien tiene que ejercer la decisión soberana sobre el patrimonio común y de lo que se trata es de que el movimiento social lo “presione” para que lo haga? Aquí hay un límite para el primer tipo de movimientos que, en Bolivia en 2005, está peligrosamente abierto como un vórtice que amenaza con aspirar la fuerza social desestructurante derrochada en los últimos cinco años.
5.
En los movimientos de insubordinación del segundo tipo, los más estables y duraderos, lo decisivo está en la consolidación de espacios de autonomía, en la construcción paulatina, lenta y difícil de nuevas relaciones sociales “en resistencia” que no reproduzcan ni las jerarquías ni las segmentaciones y divisiones sociales anteriormente padecidas, en los esfuerzos múltiples por sustraerse a ciertos diagramas y dispositivos de la dominación y la explotación.
6.
El problema más difícil, para este segundo tipo de movimientos está, en primer lugar, en conseguir escapar de una posible autarquía que puede llevarlos al aislamiento y a la amenaza de descomposición. Esto es, ¿cómo pueden este tipo de movimientos de insubordinación, una vez recompuesta cierta estabilidad social tras su irrupción, volver a tensar internamente sus vínculos y dotarse de nuevos objetivos de confrontación con el orden del capital? En segundo lugar, dentro de las propias construcciones autónomas hay también una posible paradoja: la re-configuración de ordenes estatales –cristalizados- de dominación dentro de sus prácticas cotidianas y políticas. El caso de los comuneros ecuatorianos es, en cierta medida, emblemático de esta clase de problemas7.
Para este tipo de movimientos, estabilizados en el tiempo como cuerpo de relaciones sociales territorialmente localizado se presenta, además, la cuestión de la dificultad para trabar alianzas, para establecer enlaces con otros movimientos y otras luchas: ¿cómo hace un grupo social en resistencia ya consolidado –y preocupado por su propia auto-consolidación- para entablar vínculos horizontales de cooperación para la lucha con otros conglomerados sociales distintos, como hace para establecer relaciones de reciprocidad? Esta es la pregunta que, considero, en cierta medida y a su modo, está tratando de responder el EZLN mediante la serie de acciones y reuniones que lleva adelante en lo que se conoce como “la otra campaña”.
7.
La capacidad emancipativa de los movimientos de insubordinación que tienden a satisfacer las necesidades cotidianas de otra manera, se puede medir a partir de su posibilidad de pasar con mayor o menor fluidez de la autogestión de la vida cotidiana al antagonismo8 y viceversa.
Por lo general, se ha presentado una disyuntiva entre los movimientos de insubordinación social de los dos tipos aquí distinguidos: o bien consolidación de lo avanzado en términos de modificación de la relación general de fuerzas, mediante la construcción explícita de relaciones sociales de la gestión de ámbitos de la vida desde la autonomía (casos emblemáticos: movimiento piquetero, comunidades zapatistas en Chiapas y construcción de Caracoles); o bien, privilegio de las acciones y tareas de confrontación y de despliegue del antagonismo, en medio del cual se habilitan formas de enlazamiento temporal con otros grupos, colectivos y sectores de y en resistencia y lucha (caso emblemático: expansión en Bolivia de la lucha por el gas en mayo-junio de 2005 a casi la totalidad del territorio). En cierta medida, esta disyuntiva diagrama una estrategia de bucle con dos pasos, que puede nombrarse como “cercar y construir”. La dificultad está en que, por lo general y en la medida en que cada paso suele presentarse como opción excluyente y/o compleja y dificultosamente concordante con el otro paso que configura el par “cerco-construcción”; se presenta, hasta ahora, una relativa falta de coordinación configurante –nacional, global- del conjunto de los movimientos de insubordinación.
Los movimientos de insubordinación que privilegian la consolidación autónoma y territorial de relaciones sociales distintas han encontrado con frecuencias, dificultades para funcionar como organismos de confrontación y para enlazarse con otros movimientos sociales de insubordinación (en cierta medida, este es el caso de los piqueteros en Argentina, y hasta cierto punto es lo que ha sucedido en México hasta antes de la llamada a "la otra campaña" por el EZLN), de tal manera que “ceden” terreno y tiempo –por expresarlo de alguna manera- a los gobiernos, estados y corporaciones transnacionales para estabilizar las pautas de la dominación y la explotación.
Por su parte, los movimientos de insubordinación que privilegian la confrontación, el momento del antagonismo pero que no han logrado consolidar espacios y territorios de construcción y fortalecimiento explícito de sus propias prácticas autónomas, cotidianas y políticas, si bien marcan las pautas y espacios de las transformaciones en una sociedad dada, no logran sin embargo, sedimentar ni dar forma a la propia energía que generan con sus acciones y, por lo general, hasta ahora han conseguido únicamente ser fuerza desestructurante que, pese a todo, la inercia del Estado y el capital vuelve a absorber introduciéndola en sus propias finalidades – en cierta medida esto es lo que ha ocurrido en Ecuador y cabe la posibilidad de que suceda igualmente en Bolivia-.
A partir de las anteriores ideas, débiles por su nivel de generalidad que diluye riquísimos detalles de cada evento singular; fuertes porque intentan reducir el nivel de complejidad permitiendo volver inteligibles y comparables sucesos diferentes, presento tentativamente las siguientes hipótesis:
La idea de una “estrategia del poder-hacer” de los movimientos sociales pasa por articular la comprensión y el despliegue de la multiplicidad de acciones colectivas por la emancipación, en sus aspectos constructivos y antagónicos.
En este sentido, la emancipación tiene que ser vista como una transformación de las relaciones sociales que se produce a partir de la desconfiguración del orden del capital y su dominación, por lo que son igualmente decisivos los momentos del antagonismo y los de la consolidación-construcción de relaciones sociales basadas en la reciprocidad y el reconocimiento desde la autonomía.
Hasta ahora, lo que hacen los movimientos de insubordinación es introducir energía desestabilizadora en el sistema dominante, sea construyendo nichos de autonomía, sea desplegando acciones de confrontación. A partir de ahí, la cuestión de la emancipación pasa por dotarnos de herramienta teórica para pensar la posibilidad de un “cambio de estado9”, que requiere atender simultáneamente la cuestión de introducir fluctuaciones y desconfigurar el orden dominante, así como el problema de estabilizar bajo otras pautas y formas sociales, la energía social así desplegada.
Enunciarlo es relativamente sencillo, contribuir a su despliegue práctico es un desafío gigantesco.
México-Tenochtitlán, septiembre de 2005
Notas
1 Este trabajo se desprende de la investigación doctoral que realizo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla sobre “Movilización y levantamiento indígena-popular desde la perspectiva de la emancipación social. México y Bolivia (2000-2004)”. Agradezco a los participantes del Seminario Permanente sobre “Subjetividad y Teoría Crítica” y en particular a John Holloway y a Sergio Tischler, por la oportunidad de discutir con ellos mis –y sus- puntos de vista.
2 Agradezco las ideas del Colectivo Situaciones –Argentina-, de Raúl Zibechi –Uruguay-, de Raúl Prada –Bolivia-, de Luis Gómez –Bolivia-México- y de Adolfo Gilly –México-, que aquí recupero y modifico apropiándome de ellas, espero, de forma análoga a como se producen acuerdos dentro de los movimientos de insubordinación social en todo nuestro continente, esto es, esclareciendo mis propios argumentos al deliberar con ellos, suscribiendo y haciendo míos algunos de sus razonamientos y, espero, devolviendo mis propias intuiciones para que sean re-elaboradas por ellos. En reciprocidad, pues
3 La cuestión de entender los llamados “nuevos movimientos sociales” ante todo como “movimientos de insubordinación social” forma parte de una propuesta metodológica de comprensión de lo real desde la teoría crítica y la dialéctica negativa que considera que el hilo básico del análisis debe ser, siempre, el registro minucioso de la contradicción social en su despliegue mismo. Desarrollando las ideas centrales del planteamiento de John Holloway, Segio Tischler ha reflexionado más ampliamente sobre esto en Tischler, Memoria, tiempo y sujeto, ISCyH-BUAP / F&G, Guatemala, 2005.
4 La idea de que los objetivos a través de los cuales se anuda la acción colectiva en un movimiento de insubordinación de este tipo es, ante todo, el despliegue social de “capacidad de veto”, de establecer límites a los planes y proyectos de los gobernantes y funcionarios de corporaciones transnacionales, resulta fértil para comprender el contenido inicial de una acción de confrontación que, ocurriendo de manera contradictoria, presenta límites aunque en ocasiones, como en Bolivia en años recientes, alberga y está preñada de múltiples posibilidades emancipativas y logra dar lugar a nuevas acciones de confrontación.
5 Sobre esto, próximamente ver el trabajo del Colectivo Situaciones, “Mal de altura”, en prensa.
6 Esta idea la ha trabajado Raúl Prada en su texto “Los movimientos moleculares de la multitud”, julio de 2005, mimeo.
7 Por el "caso ecuatoriano" me refiero a la enorme cantidad de acciones que han llevado adelante los comunarios principalmente qhiswas organizados en la CONAIE, desde la toma de Quito en el 2000. Si bien en esta experiencia se exhiben de manera contundente los límites de la incursión estatal de los movimientos de insubordinación, hay muchas otras riquezas y potencialidades que, de momento, no quedan claramente consideradas.
8 Esta formulación es del Colectivo Situaciones. Ell@s la están elaborando para entender lo que sucede en particular en El Alto, Bolivia, donde el grado de fluidez de las Juntas Vecinales para pasar de organismos de gestión de la vida cotidiana a condensaciones densas de energía de confrontación, es vertiginosa. Los trabajos de Raúl Zibechi y de Luis Gómez sobre el entramado comunal-vecinal aymara en la ciudad de El Alto son muy útiles para comprender con mayor claridad esta idea.
9 La idea de “cambio de estado” –que no de Estado-, la recupero de forma esquemática de los trabajos recientes en ciencias físico-químicas que estudian y documentan los fenómenos de transformación de la materia a partir de indagar en la geometría –configuración- que recorre y determina un determinado flujo de la energía y que se condensa, en ocasiones, en estructuras temporales que estabilizan una configuración: un “estado de la materia”. Ver en particular los diversos trabajos de Ilya Prigogyne.